Mafias del bronce destruyen la memoria de Venezuela

Aumenta la depredación de las estatuas en el país. Se mutila y cercena no solamente la escultura vandalizada, sino el imaginario y valor simbólico para cada ciudadano. A la acción criminal organizada, se le suma la ineptitud del Estado en su rol de guardián del capital histórico y social del país.

Nadeska Noriega. Fotos archivo IAM Venezuela. 26/12/2018.

Cuatro placas que relataban la historia de la emblemática Batalla Naval del Lago fueron arrancadas de sus pedestales en el Parque La Marina en el estado Zulia. La estatua de Francisco de Miranda, en el mismo estado, fue mutilada y su espada robada. El busto del prócer Rafael Urdaneta, en Falcón, desapareció. Al monumento Conquistadores del Pico Bolívar en el estado Mérida lo despedazan poco a poco. En el mismo estado andino venezolano documentamos del robo de una pierna a la estatua de La India, mientras que en Valencia mutilaron un brazo del monumento al obispo venezolano Salvador Montes de Oca.

Otros monumentos y estatuas en estados como Vargas, Aragua y Barinas, Sucre, Anzoátegui, Trujillo han sufrido por el vandalismo. Las esculturas caraqueñas ubicadas en espacios públicos, cuyo material pueda ser considerado valioso, también han sido víctimas de un ataque sistematizado, que parece no tener fin.

Todos estos hechos los ha perpetrado la mafia del bronce durante los últimos dos años. Mientras el proceso hiperinflacionario aumenta y la crisis económico-social se agudiza, el patrimonio broncíneo es más asediado. Y no solo se afecta el bien tangible, sino el valor simbólico que cada una de estas piezas representa para la ciudad, desvalijando también el imaginario venezolano.

“Los monumentos públicos son hitos simbólicos que funcionan como referentes espaciales y dispositivos de memoria, incluso cuando los hechos e ideales que promulgan sean extemporáneos. Su desaparición o mutilación por cualquier motivo genera anomalías patrimoniales en el orden material y cultural que desembocan en el menosprecio de la historia común y la pérdida del sentido de pertenencia. No solo se erosiona la estructura física del patrimonio, sino que también se alteran los vínculos de la ciudadanía con su cotidianidad”, explica el docente, curador, investigador y crítico de arte, Félix Suazo.

Con Suazo coincide el historiador Rubén Contreras Guzmán, quien asegura que “la pérdida o mutilación de las estatuas, relieves, placas o monumentos de bronce, símbolos de una ciudad, se traducen en la pérdida de su identidad”.

“Cuando una pieza patrimonial o cultural es atacada, se descontextualiza la memoria urbana, ya que el elemento destruido conlleva a que los ciudadanos dejen de referenciar el espacio tal como se describía y conocía, con lo que se pierde el valor de su morfología urbana y por ende el valor histórico de su patrimonio”, agrega el investigador.

Pedestal donde estaba el bronce en -homenaje al fray Ramos de Lora. Mérida-Venezuela. Foto Samuel Hurtado Camargo / archivo IAM Venezuela, julio 6 de 2018.

Contreras refiere, por ejemplo, si se diera el robo de piezas tan emblemáticas como La India, en la urbanización El Paraíso en Caracas o la de Luis Brión, en la plaza El Cónsul en Maiquetía, en el estado Vargas. “Son espacios que han tomado su nombre y referencia por las estatuas que se levantaron en esos hitos urbanos. Evidentemente cada pieza sustraída o vandalizada es un ataque a la memoria colectiva de nuestro país”.

 

Estatua mutilada de Francisco de Miranda, en la plaza Miranda de Maracaibo. Foto Wilmer Villalobos, mayo de 2018.

Cambiando la historia     

Entre las consecuencias más graves del ataque sistemático contra las estatuas en Venezuela está la percepción del cambio en la historia y sobre el valor de la pieza atacada.

“Cuando una estatua y todo lo que implica como icono social y símbolo patrimonial son arrasados o atacados, hay un cambio en nuestra historia y en nuestra percepción de ciudad. Y cuando desde el propio Gobierno no se generan políticas públicas contra este vandalismo, se envía un mensaje claro: se puede atacar o hacerse de la pieza escultórica, que no tendrá consecuencias”, advierte el sociólogo Andrés Sánchez.

Sánchez, Contreras y Suazo coinciden en que el accionar de las llamadas “mafias del cobre” tuvo como génesis el discurso que prevaleció en el gobierno del fallecido presidente Hugo Chávez, donde se atacaron personajes e hitos escultóricos, para reescribir la historia.

“En ese momento el Gobierno apoyó las acciones vandálicas contra ciertos monumentos como parte de una política ideologizadora. Se pretendió borrar parte de la historia que no comulga con sus ideales políticos. Un mensaje que puso nuestras estatuas en la diana de todo el vandalismo que se consolida hoy en día”, asume Contreras Guzmán.

En su texto Usos políticos de la memoria: devoción, desdén y asedio de las estatuas, Suazo define este comportamiento como el asedio: “A fines de los años 90, cuando la modernización vernácula alcanza su frustración más evidente, se plantea una reorientación del proyecto nacional sustentado, entre otras cosas, por una nueva visión de la campaña independentista y la invocación a un momento aun más recóndito alusivo a la resistencia indígena.

Reseña en el diario Frontera sobre vandalización del monumento a Cristóbal Colón, Mérida. Digitalización Samuel L. Hurtado Camargo.

Algunas estatuas recobran importancia, como las de Bolívar y Ezequiel Zamora. Pero otras, especialmente los monumentos a Cristóbal Colón, como el de Rafael de la Cova que se encontraba en el Paseo Colón de la Plaza Venezuela, fueron atacadas como modelo de dominación y genocidio. Al tiempo que Guaicaipuro entra simbólicamente al Panteón Nacional y la estatua llamada Conjuro Caricuao de Alejandro Colina es restaurada, los bustos del sumo pontífice Juan Pablo II y del insigne médico José María Vargas, ambos en Caracas, desaparecen de su emplazamiento en el año 2004”, refiere el crítico.

“Cada pieza sustraída o vandalizada es un ataque a la memoria colectiva de nuestro país”. 

Rubén Contreras, historiador.

El 11 de noviembre de 2006 derribaron en Mérida el busto de Colón que databa de 1892, mientras que en 2011 un grupo de oficialistas tumbó a martillazos el busto del almirante genovés en Trujillo para sustituirlo por la figura del indio Tabiskey Kastán.

Suazo también recuerda “la hostilidad desatada contra los monumentos escultóricos de otros próceres. En 2005 en Valencia bajan la estatua de José Antonio Páez de su pedestal y hurtan uno de los cuatro cóndores de bronce que acompañaban el conjunto escultórico erigido en honor a El Libertador en 1889. En Puerto la Cruz otra estatua de Cristóbal Colón desapareció desde el año 2001, fecha en la cual fue demolida la plaza identificada con su nombre”.

Robo e indiferencia

Sin embargo, el asedio a las estatuas no se basa únicamente en un replanteamiento ideológico, sino más bien en un tema de negocio y contrabando, a lo que se suma el deterioro físico por falta de conservación y vigilancia.

“Hay una combinación de ambas cosas. Por un lado, el vandalismo cercena y destruye monumentos por los beneficios económicos que trae a sus perpetradores. Por otro lado, el poder destruye o erige monumentos, según sea el caso, obedeciendo a una finalidad doctrinaria. Sin embargo, no hay que descartar el hecho de que en algunas oportunidades el móvil que impulsa la agresión a una estatua o monumento es el divertimiento o la insensatez. Finalmente, están los casos en que el deterioro del patrimonio se debe a la ausencia de acciones; es decir, a la indiferencia, la desidia o la ignorancia de personas e instituciones que deberían velar por su protección”, agrega Suazo.

El valor de una oportuna actuación gubernamental la trae a colación el investigador cultural Gervasio Liendo, quien refiere el caso del robo del busto de Armando Reverón. La pieza, obra del escultor Silvestre Chacón, fue robada en el año 2003 y recuperada por las autoridades.

“El busto de Reverón fue robado e inmediatamente las autoridades municipales, bajo el gobierno del alcalde Jaime Barrios, emitimos una alerta. Se acudió a las empresas que compraban metales y se emitió un decreto donde se pusieron severas multas a quienes compraran metal proveniente del hurto del patrimonio».

«Afortunadamente quienes lo robaron lo llevaron a la venta y el responsable de la chatarrera llamó inmediatamente a las autoridades recuperando la pieza, que fue colocada nuevamente entre los sectores Punta Brisas y Las Quince Letras, en Macuto. Este caso muestra que las acciones gubernamentales de protección del patrimonio pueden hacer la diferencia. La historia de Vargas no sería la misma sin el busto de Reverón en Macuto”.

Busto de Armando Reverón, Silvestre Chacón, Macuto. Foto en blog Escritos de un Salvaje.

Liendo está seguro de que con el rescate de la obra se hizo justicia con la memoria urbana del litoral central, a pesar de que el busto fue colocado en un nuevo espacio por la afectación de su plaza originaria durante el deslave sufrido en Vargas en diciembre de 1999.

Las “mafias de bronce” son un síntoma

Sociológicamente hablando, los ataques a cada estatua venezolana son un ataque a la memoria colectiva. Este no es percibido en la gravedad debida por el contexto social que vivimos refiere el sociólogo Andrés Sánchez: «La memoria en la ciudad es un derecho de todos sus habitantes. En Venezuela no es así, porque estamos en una lucha permanente por otros derechos, el de la salud, la educación y la alimentación, por ejemplo. En las ciudades la memoria urbana se alimenta del recuerdo cotidiano y los ciudadanos lo somos porque compartimos recuerdos comunes. Esta pérdida de identidad se traduce en muchas ocasiones en la anonimia que se registra a diario. Llegará un momento en que la ciudad se dé cuenta del daño que han hecho las mafias del bronce y la desidia gubernamental. Será tarde para recuperar la memoria urbana perdida”.

«Llegará un momento en que la ciudad se dé cuenta del daño que han hecho las mafias de bronce y la desidia gubernamental. Será tarde para recuperar la memoria urbana perdida”.

Andrés Sánchez, sociólogo.

Lamentablemente, el problema del patrimonio público en Venezuela es estructural y su origen no está en las mafias del bronce, sino en las políticas, instituciones e individuos que no hacen cumplir las normativas”, expresa Félix Suazo.

El docente y crítico de arte puntualiza: «Las mafias del bronce son apenas el síntoma, la punta del iceberg, de una situación más compleja y caótica”.

Advierte Suazo que existe “un protocolo universal para la prevención de daños al patrimonio, que va desde el mantenimiento técnico hasta la restauración, pasando por las acciones jurídicas contra aquellos que atentan contra los bienes públicos. La solución es, simplemente, aplicar las normativas”.

“Si la impunidad sigue siendo la norma, las mafias de bronce continuarán actuando a sus anchas y la memoria urbana de Venezuela, demolida con cada uno de estos hurtos”, concluye Sánchez.

FUENTES

  1. Contreras Guzmán, Rubén. Historiador. Presidente Sociedad Bolivariana de La Guaira. Entrevista realizada el 18 de agosto de 2018.
  2. Liendo, Gervasio. Investigador cultural. Expresidente de la Fundación para el Desarrollo Cultural del Municipio Vargas (Fundacultura). Entrevista realizada el 21 de agosto de 2018.
  3. Sánchez, Andrés. Sociólogo. Entrevista realizada el 21 de agosto de 2018.
  4. Suazo, Félix. Profesor, crítico de arte, investigador y curador. Entrevista realizada el 16 de agosto de 2018.
  5. Suazo, Félix. Usos políticos de la memoria: devoción, desdén y asedio de las estatuas. Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales. UCV. Vol. II, # 2. Año 2005.

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